domingo, 23 de agosto de 2009

No pasa nada.




Miles de sombras invertidas caen
sin cesar en el claroscuro ocaso,
sin brisa, en un lejano autobús
por las calles cariadas
y como si fuera poco: monótonas.

Vendedores ambulantes, cantantes,
se repliegan en los semáforos
envenenados retículos endoplasmáticos,
reciben indiferencia como pan.
No pasa nada Paraguay.

Serpientes motocicletas, chipas,
una bicicleta silenciosa me bordea,
negocios agolpados, luces
y ocaso claroscuro
virtiendo mil sombras invertidas.

Carrera de autobuses,
una agitada melodía,
señoras nervioasustadas,
semáforo en rojo, bocinas,
una cartera corre de su dueño.

No pensé pasar por esto,
el pensamiento no cabe,
la mecánica rutina distrae
a la pelota de fútbol,
deslizándose por los bares.

Colgados de los tubos,
los pasajeros se balancean,
auriculares y espesos celulares
manejando a grandes eucariotas.
Rozan las mil sombras.

Y se desata una risa,
al fin el aire afloja vida.
Una guitarra explota al bus,
la ventanilla me mira
y veo dormir mil sombras invertidas.

José Cabrera
(6/06/08)
Avda. Eusebio Ayala.

1 comentario:

Carlos dijo...

No pensé pasar por esto,
el pensamiento no cabe,
la mecánica rutina distrae
a la pelota de fútbol,
deslizándose por los bares.


Muy muy bueno. Ojalá pudiera tener esa forma de ver mi rutina. gracias