martes, 14 de abril de 2009

La Ofrenda de Sangre y el Sentido de Renuncia.


La Ofrenda de Sangre y el Sentido de Renuncia.

(Diálogo con la Voz Interior que se atreve a escribir algo)


-Buenas Noches, hijo.

-¡Buenas Noches, Señor!

-¿Está todo en paz?

-Ud. Sabe mejor que yo.

-Entonces empecemos.

-¿Qué viene a mostrarme?

-Mira esta escena en tu mente, ¿Qué ves?

-Veo sangre Señor.

-¿Qué te causa?

-Me recuerda algo, algo que dejé de hacer, algo inconcluso.

-Es el llamado hijo. ¡La sangre es la que llama a retomar los causes naturales!

Cuando vivía en la tierra, era aprendiz de una escuela iniciática en el antiguo Egipto, la Escuela era solo de hombres, había otra de mujeres, donde todas eran vírgenes, a la orilla del Nilo teníamos nuestras enseñanzas, desde las artes secretas del universo hasta la compleja tarea de hacer nuestras propias vestimentas, confieso que me costaba mil veces más aprender a coser que comprender los misterios del universo (risas), creo que para eso venimos, pero no voy a contar lo que viví, sino lo que aprendí. Una de las reglas de la Escuela es que al salir de ella, como ciudadano sacerdote o como habitante del Templo, debíamos de hacer el Sacrificio más grande, dar nuestra Sangre, y esa idea siempre me inquietó, habían noches en que no podía dormir, pensando, cuánta sangre haría falta. Muy inocentes mis pensamientos no caían en la cuenta que no sólo trataba de sangre física, el sólo hecho de pensar en sangre me daba un terror inmenso, como si me hablaran de perder algo muy mío. Por supuesto que en esos tiempos todavía me dominaba la idea del Yo, de lo que es Mío y esas cosas que creó el ego.

Un día, fuera del claustro, caminaba por las calles de la ciudad, miles de personas venían de todas partes al centro comercial, todos vendían algo, todos compraban, algunos con un producto no tan preciado pero muy vendido, la pena, otros con animales, vegetales, canastas, cerámicas y tejidos, veía tanta gente junta y tanta gente distraída de sí mismas, comprando, vendiendo y hablando al mismo tiempo, me aturdió, sí, después de tantos años en aquel claustro. Al término de las avenidas comerciales, llegué a un Templo de un culto diferente al practicado por la Escuela a la que iba, entré y una imagen chocante me entreabrió todos mis sentidos, varios sacerdotes recibían de los fieles animales y en un altar los ofrendaban, sacrificándolos, una daga pequeña se encargaba de cortar el cuello y en una vasija se recogía la sangre del animal, luego los cuerpos de los animales eran lanzados a una hoguera fuera del templo, como holocausto a algún Dios, miraba esa sangre que derramada, todavía caliente, me recordaba el ejercicio de dar la mía, y me preguntaba, para qué Dios necesitaría sangre, y me revolcaba en mil preguntas más. Salí corriendo de ese lugar, como un animal a punto de ser sacrificado, huyendo de mis preguntas que se presentaban en forma de daga, hace mucho tiempo no me atrapaba un descontrol como ese, en cierta forma necesitaba descontrolarme, corrí y lloré en el camino, llegué a orillas del río y me abracé a la tierra, y seguí llorando, la sangre que vi en aquel templo, activó miles de preguntas, encendió lámparas, en mí, jamás usadas, era la sangre que me llamaba, pero no la sangre del animal, sino la sangre misma como sangre. En fin, era sangre, era fuego, era llama incandescente que ardía en mí y sentí por primera vez la fuerza de la Vocación. Y digo así, la vocación y no mi vocación, porque no es de este mundo ilusorio, es del Mundo devenido de la Realidad, entonces esta Vocación no tiene dueño, ni la puede tomar nadie, como el acto de vivir, no lo puede tomar nadie, siempre pasa, nunca queda quieta.

Ya había sentido a orillas del Nilo mi vocación que ni siquiera la tenía clara, claro, sólo la sentí, ahora habría que razonarla.

Trabajando en los talleres de la escuela, pensaba, qué me había arrebatado de tal forma aquella tranquilidad con que llevaba mi camino, era la sangre o el miedo a ofrendarme, no entendía cómo a una Divinidad le gustaría recibir sangre, en el hospital dónde trabajábamos los hombres, mientras limpiaba las heridas de un anciano, pensaba, el anciano se dio cuenta de mi inquietud y me dijo en voz baja:

-¿Qué te atormenta?

Le miré fijo, seguí haciendo mi trabajo, los aprendices del grado en el que estaba, teníamos permitido salir del claustro pero nos era prohibido hablar con cualquier persona, es decir el claustro ya no era un lugar cerrado sino cerrados a cualquier lugar, hice como que no lo escuché y para mayor tormento volvió a hablar:

-Haz de cuenta que no estoy aquí, que soy tu voz interior, dentro de tu clausura interior.

Sentí escalofrío, parecía un sabio, tenía ganas de hablarle, pero si me veían hablando con él significaría el mal estar de mis superiores. En voz baja le respondí:

-No puedo hablar.

-Ya me has contestado- respondió.

Mayor fue mi deseo de hablar con él y antes de volver a dirigirle una sola palabra me dijo:

-Entonces no hables, hablaré yo, sé perfectamente lo que te atormenta, es la duda, deja que te cale, pero no la dejes calando siempre, revisa lo que ha sacado y lo que ha encontrado, mírame, estoy herido y ya no sirvo para muchas cosas, pero todavía soy un recipiente de vida, no porque esté agujereado por mis heridas la vida se me escapa, lo que se me escapa es el tiempo de vida, pero aún así cuando esté libre del tiempo seré la vida misma y ya no necesitaré ser un recipiente, mira como sangro, y todavía hablo.

Limpié rápidamente sus heridas, él me miraba fijo, yo miraba el suelo, ni siquiera sus heridas podía mirar porque me recordaban sus palabras. Esa noche no dormí, pensaba y pensaba el significado de todo esto, sus palabras las analicé una a una, más enredado no podía estar, la noche era larga, pedía con devoción el don del descanso, pero esa daga de preguntas volvía a todo momento, separé de nuevo esas palabras.

Sangre. Vida. Tiempo.

No entendía aún cuando la ventana mostraba un cielo apunto de parir un nuevo día, la hora antes del amanecer, ¡qué hora bendita! Y ¡qué maldición la mía de no amanecer por dentro! Dar la Sangre en Ofrenda a Dios, humano recipiente de vida, Vida o respiración de Dios, Tiempo contenedor de la forma Vida, Vida residiendo en el Tiempo, Sangre, Vida, Tiempo a Dios, Humano, Tiempo. No podía creer, la Ofrenda estaba hecha, la Vocación descubierta, ella, tranquila me decía, Dame tu Sangre y yo malentendía, Dar la vida por los demás, no es sólo morir físicamente por ellos, es morir en tiempo, dar el tiempo a ellos, a ellos, humanos, templos verdaderos de la Divinidad, de la Vida misma, Dios, sólo me pide el tiempo que hice mío en la ilusión, a los más necesitados de la creación, la humanidad, y cuando pienso humanidad le incluyo a mi persona… Dar la Sangre es invertir el Tiempo en Dios, que es su propia Creación, que soy yo mismo, que es mi hermano, que es mi enemigo y mi madre. ¡Cuánto tiempo estuve distraído! Y ahora que muero al tiempo por la Voluntad Divina en cada llamada pérdida de tiempo por el ignorante, en cada oración y en cada acto de escucha al afligido y alegría al oprimido y al opresor, al de al lado y al que se sienta en la misma silla que yo, siento Vida, Sangre, Fuego, que nunca se consume, crece en cada alma que entra a mi casa.

Espero hijo haya sido de ayuda este texto que te he dejado, ahora que entiendes la Renuncia, deja entrar la duda, que los caminos no están cerrados, y son los pies los que se cierran a caminar, ahora hijo, que entiendes a la sangre misma, deja el oficio de sacrificar animales, que no se te pide sacrificio, tan solo compasión, el acto sagrado mayor.

Una lluvia nocturna, una brisa del sur entró por la ventana, el Maestro dejó mi mano quieta, lo agradecí. Y me dispuse a descansar.


Inspirado por un Maestro.

Expirado por el que firma.


José Fernando Cabrera M.

(Terminado el

14 de abril de 2009)

3 comentarios:

William dijo...

maravilloso, maravilloso, hay tanto por comentar... desde todo punto de vista... el servicio es dar... dar tu vida por los demas, es dar sin esperar recompensas...
dar es Amar...
Amar Ofrendando lo mas preciado de nuestra poseción es Servir, ofrendar nuestra sangre!!!
Maravilloso

adriana beatriz dijo...

hermoso hermano,es demasido profundo ,bueno, para analizar ,gracias PADRE-MADRE porque nos dejas muchas ensenhanzas en esta lectura que es como una renovacion de fe ,fuerza ,amor ,en fin muchas para decir pero solo dejar que estas palabras penetren nuestro interior ya es algo un abance un pacito mas ,

Gabriel dijo...

Gracias por compartir una forma mas de la vida! la renuncia es entrega es vocacion, es tan profunda la renuncia, que ni el pensar es parte de ti, ya que cuando realmente renuncias a la vida misma, solo la vida pasa por ti, y tu simplemente eres la sangre que corre en el largo camino a lo eterno, y cuando corre ese fuego, esa sangre, transforma cada espacio en lo infinito.

Gracias seguiremos hablando jeje.